Viernes, 23 de diciembre de 2005
Hoy han muerto como mínimo dos personas. Una, el papuchi de Julio Iglesias; otra, un amigo de la familia de mi mujer. El primero ha muerto a los 92 años de un paro cardiaco; el otro a los 58 de un cáncer. Aparte de las absurdas conversaciones de tanatorio, algunos de los comentarios que más me han llamado la atención y que se han repetido varias veces ha sido: “Sólo con 58 años, con todo lo que le quedaba por vivir”, o “con 92 años como el papuchi es una buena edad para morir, pero con 58...”, o “cada vez hay más gente con cáncer”.
Si vemos la siguiente gráfica de esperanza de vida en España durante el último año:
Vemos que casi hemos triplicado en 30 años la esperanza de vida, y las proyecciones van en aumento. Esto nos trae la “ilusión de la longevidad”, todos debemos llegar a muy viejos. Si no, nos sentimos estafados. No deja de inquietarme que dichos pensamientos se hayan arraigado tanto en nuestra sociedad.
En mi opinión, la gran pregunta es: ¿Estamos preparados biológicamente para llegar a esas edades sin tener que pagar un alto precio? De hecho, durante gran parte de la historia de la humanidad, la esperanza de vida se situaba entorno a los 35 años. En los últimos 150 años la edad a la que se suele uno morir ha crecido casi exponencialmente gracias sobretodo al avance de la medicina y la adopción de medidas higiénicas (sobretodo en las sociedades avanzadas). Pero, ¿se trata de que estamos encontrando el límite? o por contra ¿estamos alargando “artificialmente” lo que cientos de miles de años de evolución han conseguido? O dicho de otra manera: ¿Existen actualmente, estadísticamente hablando, más casos de cáncer -u otras enfermedades degenerativas- en relación a otras épocas de la historia o no existe una diferencia significativa? Desgraciadamente, no es posible responder a esta pregunta por falta de datos, pero creo que la respuesta es no.
No soy un entendido en cuestiones médicas, pero pienso que el cáncer es una degradación del cuerpo humano en la que poco podemos hacer, tan sólo disminuir probabilidades. Las células se vuelven locas, no hacen caso al ADN y simplemente dejan de hacer aquello para lo que están programadas, reproducirse de manera normal. Es una consecuencia lógica del paso de la vida. Sólo nos queda aprovecharla lo mejor posible.
Por: Rubén Coca | Sociedad | Comentarios (0) | Referencias (0)
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