Domingo, 19 de febrero de 2006
El McDonald's de Diagonal con la Rambla Catalunya es un local en apariencia pequeño pero con un primer piso en el que caben más de doscientas personas. Está situado en uno de los núcleos financieros de Barcelona, por lo que el trasiego de personas de nivel sociocultural medio-alto por la zona es considerable.
Entré porque me apetecía tomarme un menú Big Mac para comer, cosa que hago en las pocas ocasiones en las que tengo que comer por Barcelona. No me podía creer lo que veían mis ojos, el sitio estaba lleno de chicas. Pero no de chicas adolescentes, sino de chicas de entre 25 y 35 años que comían en grupos o solas. Sin exagerar se podría decir que la proporción mujer-hombre era de 4 a 1. Yo pensaba que el fast-food era cosa de adolescentes y de famílias de clase media trabajadora (no me gusta el término pero es el que encaja mejor). Al menos eso era lo que había observado en los McDonald's a los que había ido, generalmente situados en zonas turísticas o en centros comerciales. Pero no, estaba equivocado. Las chicas, tan cuidadosas con su dieta y su figura, cada vez más y mejor formadas, acuden en masa a consumir azúcares y grasas saturadas.
Y yo me pregunto, ¿tienen las chicas la inconfesable necesidad de zamparse una hamburguesa o McPollo desoyendo toda indicación acerca de la comida sana y el mantenimiento de la figura que pregona el Cosmopolitan?, o ¿es que el departamento de marketing de McDonald's merece un monumento en los jardines de su sede corporativa? Me gustaría tener la respuesta, pero creo que tiene algo que ver con el pretendido cambio de imagen que se le ha dado a la cadena de restaurantes, en el que se ha potenciado su oferta de ensaladas y otros alimentos “sanos”. Tiraremos por el camino intermedio diciendo: “Zámpate una hamburguesa... y una ensaladita para no sentirte culpable”.
Por: Rubén Coca | Sociedad | Comentarios (0) | Referencias (0)
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